Mitos y leyendas de las energías renovables

Miércoles 02 | 06 | 2010

En este artículo, José Antonio Alfonso, periodista del equipo de Energías Renovables, aboga por el abandono de engaños y rumores que se vierten sobre las renovables en lugar de abordar con claridad el debate, inevitable y necesario, sobre un cambio de modelo energético. ¿Es proporcionado decir que las renovables son muy caras y obviar lo que cuestan las fuentes convencionales? Sólo es un ejemplo.

Ignorancia o mala fe. Rumores o proyectos. Verdades o mentiras. El sector de las energías renovables vive en una dicotomía cercana a un acto teatral histérico en el que todo vale. Es una sinfonía desconcertante que algunos tocan ocultos en el  espacio asignado al tramoyista porque no quieren salir a escena, auque sí manejarla. El bombardeo es constante, delirante…, sobre todo para el ciudadano que ya no sabe ni a quien creer ni porqué. ¡No me engañe, por favor!

¿Cuándo comenzó a extenderse la estrategia de la confusión? ¿Quién dio el primer paso? ¿Cuál es el engaño más burdo? Imposible responder a esas preguntas. Ardua labor para quien tire de hemeroteca. Pero sí es factible mostrar algunas “perlas” cercanas en el tiempo. Son más que suficientes para enseñar la batalla energético-económica-política y de poder que se está librando. (El término ambiental parece que no interesa).

Uno de los engaños más bastos es afirmar que quitando las primas a las energías renovables se ayudaría, y mucho, a resolver el déficit público. Este mes de mayo el diario británico Financial Times publicaba un artículo de José María Aznar en el que el ex-presidente del gobierno relataba siete medidas para salir de la crisis. En puesto de pódium, la segunda, mencionaba cambios en la política energética como dejar de subvencionar fuentes de energía renovables poco eficientes. (Es de suponer que se refería a esas tecnologías que han cubierto el 40% de la demanda eléctrica durante el primer cuatrimestre de 2010, según los datos de Red Eléctrica Española).

La receta de Aznar provocó que desde orillas cercanas al ex-de la Moncloa (tanto políticas como mediáticas) se clamara por la supresión de las primas a las renovables para solventar el déficit público, demostrando la más absoluta ignorancia o mala fe al confundir/mezclar déficit público con déficit tarifario. El déficit tarifario repercute en el recibo de la luz, de tal manera que si quitamos la percepción económica a las renovables el déficit público no se moverá, ni siquiera se reducirá el déficit tarifario. Y esto último lo asegura el Ministerio de Industria, nada sospechoso en este caso, ya que todos los cambios de política energética que prepara contemplan la reducción del déficit tarifario.

Aclarada la torpeza/ignorancia cabe preguntarse ¿hay que quitar las primas a las renovables? La cuestión es pertinente si se ha escuchado al diputado del PP, Miguel Arias Cañete, acusar al gobierno de que con “sus bandazos normativos” en la retribución a las renovables “ahuyenta la inversión” y practica los mismos métodos de “quiebra jurídica” de algunos gobiernos sudamericanos. Quien recibe la pedrada, por supuesto, es el Ministro de Industria, Miguel Sebastián, en una sesión de control al gobierno en el Congreso de los Diputados.

Leído Aznar y escuchado Arias Cañete, ¿qué hacemos con unas primas que se arbitraron y pusieron en marcha durante el primer gobierno Aznar? Y si hay que retirarlas, ¿todas las del régimen especial, incluidas las destinadas a los combustibles fósiles de las plantas de cogeneración? En 2009, 1.114 millones de euros se destinaron al gas.

Las renovables han creado el déficit tarifario

Esta aseveración al menos parece injusta. Fue a finales de los años 90 cuando el gobierno de José María Aznar articuló la existencia de ciertas percepciones económicas a la producción de electricidad mediante tecnologías renovables. Las primas nacieron cuando el déficit tarifario ya existía por ende de una política, practicada tanto por los gobiernos de Aznar como los de Zapatero, que ha optado por mantener el precio de la electricidad por debajo de sus costes de producción, desde Rodrigo Rato a Miguel Sebastián. En los últimos 18 años (de 1990 a 2008) el precio de la luz ha bajado a precios constantes un 38,8%.

Las renovables suben la tarifa eléctrica

El recibo de la luz subirá por culpa de las renovables. La frase no es literal, pero sí gráfica de otras expresiones que estigmatizan a determinadas tecnologías con la existencia de facturas más altas. Y eso sí prende en la ciudadanía. Ese discurso olvida que gracias a la participación renovable el precio medio del mercado eléctrico (el denominado pool) ha descendido en los últimos años. De 7 céntimos el kWh en 2007 a 3 céntimos el kWh a finales de 2009.

Si se observa el ejercicio 2009 el coste de la factura eléctrica ha sido un 15% menor respecto a 2008. Esto ha sucedido en gran parte por la irrupción de las renovables que han bajado el precio medio del pool de 66 a 38 euros MWh al limitar la producción de las tecnologías fósiles del régimen ordinario. Tecnologías como la eólica o la fotovoltaica impidieron una mayor entrada en el sistema de las centrales de gas, que normalmente marcan el precio de casación definitivo del mercado eléctrico. Y la tendencia a la baja se mantiene en 2010. Incluso por debajo de 30 euros MWh.

Incluir las renovables en los Presupuestos Generales del Estado

Esta es otra de las “frases del mes”. Un rumor persistente a pesar del desmentido oficial del Secretario de Estado de Energía. Pedro Marín ha afirmado que el gobierno no sacará de la tarifa eléctrica las primas a las renovables para cargarlas en los Presupuestos Generales del Estado. La trampa, propuesta por quien le gustaría que se hiciera, es doble.

Desde un punto de vista coyuntural parece poco afortunado cargar el presupuesto nacional con otro gasto cuando desde Moncloa se toman medidas para reducir el déficit (bajada del sueldo de los funcionarios, congelación de pensiones…). Pero hay una razón estructural más poderosa. Si las primas pasasen al Presupuesto General del Estado se convertirían en “ayudas de estado”, que están prohibidas por la Unión Europea. Es decir, la inclusión de las renovables en los presupuestos del estado se asemeja más a una puntilla de descabello que a un cambio normativo.

Las renovables son muy caras

El Ministro de Industria se reunió el pasado 6 de mayo con las asociaciones de energías renovables a las que les facilitó un documento en el que se cita que el coste de las renovables sería de 126.000 millones de euros en los próximos 25 años. Este es el único coste al que alude el gobierno en ese informe, o al menos es lo que dicen quienes lo han leído.

126.000 millones son muchos o pocos, y respecto a qué. Las importaciones energéticas de España en 2008 fueron de unos 42.000 millones de euros que, multiplicado por 25 años, supera el billón de euros. Suponiendo que el precio de petróleo, gas y carbón se mantenga estable los próximos 25 años.

Un ejemplo. Una de las tecnologías a la que se señala con el dedo por cobrar las primas más caras es la solar fotovoltaica, pero cuando se lanza esa afirmación se olvida explicar que esa misma tecnología ha conseguido reducir sus costes un 54%, según reconoce industria, y seguirán bajando. En dos años se espera que consiga la paridad de red. ¿Qué actividad económica es capaz de reducir sus costes a ese ritmo?

Fuente: Energías Renovables